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La paz: una aspiración con origen y destino en cada persona
Desde oriente hasta occidente y desde los albores de la historia hasta nuestros días, al margen de otras necesidades vitales, el ser humano aspira a satisfacer un anhelo esencial: sentirse en paz.
Como respuesta al sufrimiento, la desolación y la incertidumbre que la guerra ha causado allí donde ha ocurrido, las sociedades humanas se han esforzado por encontrar fórmulas que aporten seguridad y sosiego a sus individuos, un entorno de paz donde la propia existencia y el inmenso potencial que esta atesora puedan desarrollarse.
Sin embargo, probablemente porque la guerra no es una realidad por sí misma, sino la más terrible expresión de la batalla que se libra dentro de cada individuo, la paz, la verdadera paz, nunca ha llegado del todo como fruto de leyes o cambios sociales; esa búsqueda universal trasciende la firma de tratados o armisticios, procede de lo más profundo del corazón humano, de la sed individual de plenitud, y sólo con una experiencia interna de equilibrio puede ser calmada en su integridad. Una sociedad en paz solo es posible si lo están sus ciudadanos, sus individuos.
Si somos capaces de hacer la guerra, sin duda podemos construir una cultura de paz, un entorno cuyos cimientos han de asentarse sobre el sentimiento de paz en cada persona. Apostamos por la viabilidad real de esta noble causa.
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